Tras una persiana medio bajada, con el humo del cigarrillo atrapándose entre sus ojos, y la sonrisa de quien no tiene nada que perder, me dijo algo que se me quedó grabado.
- ¿Sabes? El mejor consejo que me dieron nunca fué que me tomara las cosas con calma y siempre buscara la parte racional, porque es la única que te va a ayudar a encontrar la salida correcta, con el menor daño posible. - Desde entonces, solo me reconoce la gente que sabe donde mirar.
Y ver amanecer tras el cristal de aquel vaso, lleno tan solo de hielos, y cargado de todas las emociones que saqué de mi alma. Sentada en ese banco solitario al final de la calle, donde tan solo los gatos callejeros pasean, a la espera de un futuro más prometedor que el que me trae el periódico matinal. Búsqueda de la niebla que serpentea entre las gotas de lluvia vistas al trasluz de una farola, sonrisas con la promesa de una buena perspectiva del telón.
La vela sigue brillando. Todo está a oscuras y sus ojos brillan, cercanos a la luz, pero lejanos de la realidad.
La ventana está abierta, y el susurro de la oscuridad se perfila por las rendijas de la persiana. Ella estaba tumbada en la cama, con los brazos cruzados y la barbilla apoyada en el brazo, mirando la llama sin parpadear apenas.
Llevaba horas sin dormir, observando como la cera se iba derritiendo y los segundos se transformaban en horas.
Por sus oidos, toda clase de sueños, gritos, frases, ruidos, estallidos de silencio llegados de la nada. Todo retumbaba en su cabeza y esta vez no podía echarle la culpa a la resaca.
De los cascos, unas notas disonantes enturbian la serena oscuridad de la habitación, produciendo a cada golpe de guitarra que su estado de semiinconsciencia tiemble y obligue a sus pensamientos a tomar tierra.
La cera sigue cayendo y los minutos pasan.
Falta poco para el amanecer, parece mentira que el tiempo siga su curso, nada le importa al gran omnipotente, presencia omnisciente en nuestros sentidos.
Cada segundo que pasa será un segundo menos para reconstruir un mundo hecho trizas.
La parte de su cabeza capazde dilucidar pensamientos aislados le decía que no tenía sentido, que esas respuestas nunca llegan y que el tiempo aparecería para curar las heridas.
Escalofríos recorren su espalda cuando la parte irracional se imponte en la lucha interna. Ahora nada tiene sentido, y solo ordenando sus pensamientos podrá encontrar la calma.
Para ti ya no tengo nombre. Para ti tampoco existo. Para ti fui declarada muerta hace tiempo. Para ti desaparecí esa tarde de invierno cuando mis huellas se desdibujaron entre la niebla. Para ti agonicé cuando mis nudillos sangraban ante un muro cualquiera. Para ti sufrí las cadenas del silencio entre gritos de impotencia. Para ti pasé noches en blanco pensando una vía de escape. Para ti añoré la tranquilidad de las tardes de café. Para ti hubo máscaras. Para ti hubo sonrisas, y también lágrimas. Para ti huí de la gente. Para ti me enfrenté a mis demonios. Para ti nunca perdí el control. Para ti, supe protegerme. Para ti aprendí a desvanecerme entre las sombras. Para ti aprendí a valorar la soledad. Para ti, la silueta de mi figura se desdibujaba por las noches, con más alcohol que sangre en las venas.
Para ti, un día me fui.
“Solo desaparece quien tiene algún sitio donde ir.”
The sound of silence is curious, and not less than appealing, but lately it collides with the noise inside my head, and I'm at the point where I cannot even try to quell the murmuring echoes with the strains of the music. Seems that the easiest solution is to cover myself with ice, once again, but there’s too much hate in my veins to let my body rest under the ground. Perhaps this fucking life wins the battle and we die as if our pain had exploded.
There's broken hearts in basements, And broken love on the streets. I’ve too much noise in my head. And you need someone to pull the trigger. C’mon, let’s do it. I don't need to feel that my heart has stopped bleeding. Just give me your skin for something to scratch as memories haunt me.